Entorno y Fincas

Pasee por la historia del campo de montiel de la mano de autores como Don Francisco de Quevedo o Jorge Manrique, mientras disfruta de las jornadas de caza en un entorno inigualable.

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Quevedo y el campo de Montiel

FRANCISCO DE QUEVEDO FUEN EN EL ESCENARIO Y EN LAS CALLES SILENCIOSAS Y EN LOS CAMPOS DE TORRE DE JUAN ABAD DONDE ESCRIBIO CASI TODA SU OBRA

Fue Quevedo dueño de una personalidad abigarrada. Educado en los hábitos de la corte y la burocracia de los austrias, cristiano viejo, ácido, malhumorado que se ríe de sí mismo; lenguaraz, coqueto paticojo, miope y bigotudo; noctámbulo escritor, hombre de una extraordinaria cultura, capaz de expresarse en varias lenguas, político intrigante; gran fumador, misógino y enamoradizo, frecuentador de tabernas y lupanares, sin domicilio fijo buena parte de su vida, amancebado con la Ledesma, malcasado con la de Cetina; vigilado por el Santo Oficio, odiado, temido y respetado; extraordinario escritor, poeta excelso, culto y chabacano; propagandista, crítico adulador, según tocara; popular al extremo, cuyas letrillas y romances se recitaban por calles y plazas.


Tuvo Quevedo un éxito temprano y fulgurante. El Buscón, obra que escribió con apenas veinte años, corrió en ediciones manuscritas y se llegó a imprimir diez veces en vida de Quevedo; fue traducida al francés (veinte ediciones en el siglo XVII), al italiano, al holandés y al inglés.

Si en buena medida debe su popularidad a la vertiente satírica y burlesca de su obra -Los Sueños, La hora de todos, Poderoso caballero es don dinero, Érase un hombre a una nariz pegado...- no es posible olvidar al poeta capaz de construir sonetos -Hermosísimo invierno de mi vida, si hija de mi amor mi muerte fuese...- que ocupan un lugar de privilegio en la poesía amorosa de todos los tiempos.